Julio 2001
"Y Abraham le dijo: a Moisés y a los
profetas tienen: óiganlos" (Lucas 16:29)
La frase que encabeza
este escrito fue pronunciada por Jesús casi al final de la
parábola que se conoce con el título de "El rico
y Lázaro". En este relato el Señor Jesucristo quiso
ilustrar la nefasta conducta de los fariseos, que eran avaros, (cf.
16: 15) con una historia de un hombre rico que era incapaz de ser
generoso con un pobre mendigo. Pero al mismo tiempo, hizo una descripción
del más allá, de la existencia después de la
muerte física, donde hay una profunda sima entre el seno de
Abraham, una designación del lugar de honor en el banquete
celestial a la derecha del padre de familia, en este caso Abraham
como padre de los creyentes y que es la meta de la suprema esperanza,
como cuando Juan se recostó sobre el pecho de Jesús
en el banquete pascual (Jn. 13:23) y el Hades que es el lugar a donde
van los impíos y de algún modo anticipa la condenación
del infierno en espera del
juicio final.
El rico pretendía a toda costa que sus hermanos no fueran a
parar al mismo lugar de tormento que él y supone que si Abraham
envía a Lázaro a su familia para advertirles conseguirá
su propósito. y es ahí donde puede sorprender la respuesta
de Abraham. Si tomamos la frase literalmente tendremos que preguntarnos
cómo será posible que los familiares del rico pudieran
tener acceso a unos personajes bíblicos que ya habían
muerto hacía siglos. Evidentemente, aún sin conocer
cuando sucedió esta historia o si es un relato que entre en
el terreno de lo posible pero sólo es una ilustración
parabólica, Moisés y los profetas eran personajes de
otra época. Por tanto, no podemos tomar literalmente la frase
y en este caso, el principio de interpretación que hay que
aplicar es el que dice que si entendemos un texto de manera literal
y la explicación es contradictoria o absurda es que debe
comprenderse de manera figurada y lo que corresponde hacer es buscar
la figura de lenguaje a que pertenece para conocer su significado.
En nuestro texto es un tropo que se conoce con el nombre de metonimia.
Se llaman tropos a aquellas palabras que tienen sentido figurado cuando
expresan una idea diferente de la de su acepción literal como
en la ocasión que nos ocupa, ya que "a Moisés y
a los profetas tienen" no se refiere a ellos sino a sus escritos,
es decir, el Pentateuco y el resto de escritos veterotestamentarios
que fueron transmitidos bajo autoridad profética. Es una metonimia
porque designa una cosa con el nombre de otra que le sirve
de signo o que tiene una relación de causa y efecto. Moisés
y los profetas son la causa y sus escritos el efecto. Con estas palabras,
Abraham estaba reprendiendo al rico porque si hubiera hecho caso de
las Escrituras no estaría en aquella condición y al
mismo tiempo le estaba diciendo que sus hermanos no tenían
necesidad de que les dieran testimonio
porque disponían de la Palabra de Dios y si no hacían
caso de ella tampoco lo harían si un muerto resucitaba. Así
ocurre en nuestra sociedad después de transcurridos veinte
siglos de la resurrección de Cristo, pero las Escrituras siguen
proclamándose y a ellas deben escuchar.
Pedro Puigvert