NARRATIVA BREVE

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Noventa y nueve ovejas

     Una mujer y su marido llegaron un día a uno de los grandes hoteles de París para pasar unos días allí. Era tiempo de la visita del Sr. Moody y del Sr. Sankey a las islas británicas, y la mujer, que tenía mucho interés en esa obra, había, antes de dejar Inglaterra, llenado la bolsa con copias de su famoso himnario "Canciones y Solos Sagrados", esperando que pudieran ser de valor allí. Por la noche, cuando la mayoría de los huéspedes que estaban en el hotel estaban en la cena, ella bajó las escaleras y colocó uno o más de los himnarios en una mesa de lectura, una mesa ya bastante llena de libros.
     Cuando acabó la cena, muchos caballeros regresaron a la sala, entre ellos un joven inglés de buena posición, que acababa de llegar a París para pasar dos semanas de diversión. Mirando los libros vió el himnario, y se dijo a sí mismo: "Moody y Sankey aquí también". Sabía quienes eran porque tenía una hermana cristiana que por el bien del alma de su hermano le había rogado en vano que viniese a sus reuniones varias veces. Cogió el himnario y al abrirlo se encontró el himno:

"Noventa y nueve ovejas, sí, en el aprisco están;
mas una sola, sin pastor, por la montaña va;
la puerta de oro traspasó y vaga en triste soledad"

     -"Supongo que Mary diría que ese soy yo" - pensó al leerlo. Rápidamente cerro el libro, pero las palabras del himno no le dejaron. Fue a la ópera esperando olvidarlas, pero no lo consiguió. Pasaron dos o tres días, pero en vano. La letra no se iba de su cabeza. Maldijo el libro. Cuando llegó el tercer día quiso saber como acababa el libro, pero no sabía donde encontrar las estrofas, y al final las encontró en el número 43.

     "Noventa y nueve ovejas, sí, en el aprisco están". -"¡Ah! Esa es Mary" - se dijo - "está segura, lo sé, y en el aprisco".
     "Pero una sola sin pastor por la montaña va, la puerta de oro traspasó y vaga triste en soledad". -"Ese soy yo" - murmuró. Ya no era un Mary diría. Y entonces se entregó humillado y arrepentido en manos del Buen Pastor.

     Pasaron unso pocos días después y de repente cayó enfermo con fiebre. Un telegrama a su hermana Mary, que estaba en el sur de Francia la hizo ir a París; pero antes de llegar su hermano deliraba. Subiendo la escalera con un corazón dolorido, y parándose un momento antes de entrar en la habitación, ¡cuál no sería su sorpresa al oirle repetir una y otra vez ese himno! Ella entró, y sentándose al lado de la cama, empezó a cantar con una voz dulce y clara el "Noventa y nueve ovejas". Pronto oyó la historia de como su hermano encontrara al Buen Pastor. Durante días sigió empeorando, pero a veces era consciente y ella tuvo el gozo de oirle decir que Jesús era su Salvador y no temía morir. Cuando llegó esa hora, reposaba en los tiernos brazos de Jesús.


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