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Mejor perder un pié que perder la vida Con un seco y sonoro
¡clic! se cerró la trampa. Era una trampa de acero, silenciosa y traicionera,
oculta en la nieve por hojas de pino. Serge Cherblinko, cazador de osos
en los bosques de Siberia, andaba de cacería. Sin darse cuenta, pisó
donde no debió hacerlo, y la trampa clavó en él sus dientes de acero. La noticia en la prensa
internacional, aunque muy triste, nos deja una tremenda y clara lección.
Es mucho mejor perder un miembro del cuerpo que perder toda la vida.
Si la opción es perder un pié, o un ojo, o un miembro cualquiera
del cuerpo, o perder la vida, cualquiera cedería uno de sus miembros
antes que entregarse a la muerte. Si la vida física vale más que cualquier miembro de nuestro cuerpo, la vida espiritual, que es eterna, vale más que cualquier cosa en esta vida. Y sin embargo, ¡qué fácil nos es apegarnos a nuestros antojos injustos e inmorales aunque así perdamos la vida eterna! Jesús lo expresó con una claridad diáfana al decir que si ganamos el mundo entero, pero perdemos nuestra alma, lo hemos perdido todo. No cedamos lo eterno por lo efímero. Ni cedamos la gloria celestial por la vanagloria de este mundo. Al contrario, pidámosle a Cristo que sea el Señor y Dueño de nuestra vida.
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Equipo ElAtrio.Net |
Revisado el
12-04-2003
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